15 años después todavía le pregunto a viejo mi ¿Qué hago?

Desde el terremoto no había venido a visitar a mi viejo. Hoy estoy ante su tumba en una conversación sin café ni cigarrillos, cosa que nunca antes pasó.

¿Qué contarle? ¿Qué le puede interesar? ¿Habrá algo que ya no lo sepa? 

Estás preguntas no son de hoy, son desde un siempre… desde que empezó a enseñarme cómo usar la frase que está en su lápida: ver las cosas como son y no como deberían ser.

¿Que me trajo en este viernes aquí, en este sitio en que hace más de 15 años dejé a mi padre?

Vengo a decirle que es hora de cambiarse de lugar, que es momento para iniciar una nueva vida allá donde siempre soñó: su viejo y amado Puerto Cayo.

El siguiente paso es complejo, no se cómo cumplirlo… por eso también estoy aquí. 

Viejo ¿Qué hago?

Marinero y viejo auditor, campesino y lector, deben ser sufientes experiencias para que me orienten… aunque poco recuerde su voz y muchos sus gestos.

En esta cripta no hay gente, creo que prenderé un cigarrillo para ver las señales que mi padre me de para ir ‘hacer lo que se debe hacer y punto.’ (Otra de sus lecciones).

… se apagó el cigarrillo, las lágrimas se han secado y mente está clara. 

Si viejo… cumplo mi palabra, aquella que te dí el día de tu último aliento, aquella que repetí cuando te traje acá y supe que nunca más te vería.

¡¡Ya regreso… Pá!!

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